Ética en la familia

"La ética cristiana es el estudio de la vida conforme a la voluntad de Dios. Plantea la pregunta básica: ¿Qué desea Dios que hagamos y seamos nosotros, su pueblo redimido? La Biblia contesta esa pregunta, dando dirección no solamente acerca de la vida personal y las relaciones personales entre individuos, sino también acerca de las estructuras sociales, especialmente las instituciones que Dios ha ordenado con funciones específicas: el matrimonio y la familia, el gobierno civil, y la iglesia visible". (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 178.

“Ciertamente hay familias mejores y familias peores, familias felices y amorosas, y familias menos felices y amorosas. Pero la manera misma en que los americanos institucionalizan la vida familiar, y las presiones y tentaciones que enfrentan las familias, son también la fuente de problemas serios. Por lo tanto, decirles a las familias individuales simplemente que deberían portarse mejor, aunque es importante, no llega a la raíz de las dificultades. Una estrategia cristiana para transformar la sociedad debe incluir tres componentes: renovación personal, ejemplo eclesial, y reforma estructural". (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 179.

"La estructura conyugal se considera el núcleo familiar, para distinguirla de otros sentidos de familia: familia extendida en el sentido amplio, incluyendo a parientes más lejanos, y familia en el sentido de todos los que está n viviendo en la misma casa.345 La distinción es importante, especialmente porque provee una manera de evitar el relativismo moral (sin reconocer la aplicación de las normas de estructuras familiares en otras organizaciones similares) y el absolutismo cultural (identificando la familia nuclear con una forma particular). Es bueno para el bienestar de la familia nuclear disociarse de la familia extendida (obviamente es verdad en el caso de poligamia, que nunca fue el ideal bıb́ lico), y establecerse como una unidad separada. Sin embargo, la definición de la familia no depende de estas condiciones de independencia". (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 180.

"La familia es una institución permanente ordenada por Dios. Además, esto es tan natural, que el núcleo de los padres y sus hijos dependientes se reconoce mundialmente como la unidad social básica. La familia está perdiendo terreno en el occidente como una esfera autónoma de influencia social, pero los informes de su muerte están exagerados (se escucha la frase, la era post-núcleo familiar). Mary Jo Bane concluye, basado en sus estudios demográficos durante la dé cada de los años 1970, que la familia no desaparecerá . La razón es obvia. Bane dice que los compromisos familiares (el matrimonio, la crianza de los hijos, los lazos sentimentales) “no son remanentes arcaicos de un tradicionalismo que está desapareciendo, sino manifestaciones persistentes de las necesidades humanas de estabilidad, de continuidad, y de amor incondicional.” (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 181.

"Aun así, sería ingenuo suponer que la familia no puede ser seriamente dañada por ideologías hostiles (como el feminismo radical, el marxismo, y la homosexualidad), y por ciertas prácticas (el divorcio fácil, la cohabitación sin casarse, y libertinaje sexual). Christopher Dawson nos advirtió hace una generación acerca de las consecuencias de la nueva moralidad, y es aun más importante que nunca considerarlas ahora:
“Si el matrimonio se transforma en un arreglo temporal para satisfacer el impulso sexual, y para tener compañerismo mutuo, sin la intención de crear una unidad social permanente, obviamente la familia perderá su importancia social y económica, y el estado tomará su lugar como protector y educador de los niños. La sociedad ya no consistirá en un número de organismos, cada uno con su autonomía limitada, sino de una sola gran unidad que controla la vida entera del ciudadano individual, desde la cuna hasta la tumba". (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 181.

¿Qué desea Dios para la familia? 
¿Cuáles son sus instrucciones, para que su pueblo prospere en este aspecto? 
¿Qué constituye la fidelidad en el hogar y en la sociedad más amplia? 
¿Cuáles son las condiciones que conducen al bienestar de la familia?

"En el relato de la creación, hay una ordenanza triple para el matrimonio: 
1. Dejar a los padres, formando una nueva unidad social; 
2. Unirse, indicando un compromiso fuerte en la nueva relación (el término hebreo sugiere afecto leal). 
3. Llegar a ser una sola carne, el fin de los dos actos anteriores (Génesis 2:24). 

El resultado del matrimonio, según el comentario de Jesús (en el contexto de condenar el divorcio arbitrario), es que el hombre y la mujer ya no sean dos, sino uno, habiendo sido unidos por Dios mismo (Mateo 19:6 = Marcos 10:8-9). En el matrimonio, dos individuos (hombre y mujer) se unen para formar una nueva unidad social, una pareja. Se entiende que solo una pareja heterosexual constituye un matrimonio en el sentido bíblico; Jesús cita Génesis 1:27, “varón y hembra los creó ” (Génesis 1:27), cuando explica las ordenanzas sobre el matrimonio (Mateo 19:4 = Marcos 10:6)". (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 182.

"La relación sexual es parte de llegar a ser una sola carne, pero significa más que eso. Es posible que el hombre y la mujer se unan sexualmente también fuera del matrimonio (1 Corintios 6.16), pero para que sea aprobado por Dios, esto debe hacerse solamente dentro del matrimonio. “Una carne” se refiere a la unión de la pareja en toda la vida, y la relación sexual es una sola expresión de eso. El problema moral básico de tener relaciones sexuales fuera del matrimonio es que es un acto que debe unir vidas, pero no lo hacen con ese propósito. Ası́ que viola su significado intrínseco". - Vea Lewis B. Smedes, Sex for Christians: The Limits and Liberties of Sexual Living [El sexo para cristianos: los límites y las libertades de la vida sexual] (Grand Rapids: Eerdmans, 1976), 128, 130, 203. - (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 183.

"El matrimonio se presenta en otros pasajes de las Escrituras como un pacto, en que un hombre y una mujer se comprometen el uno con el otro, para ser compañeros en la vida, y a amarse mutuamente. El texto más claro está en Malaquías. El contexto es la condenación del divorcio arbitrario. El Señor se presenta como testigo contra el marido que rompe el vínculo con su esposa –- la esposa desde su juventud, para ser exacto – “siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto” (Malaquías 2:14). De una manera similar, Proverbios 2:17 advierte en contra de la adúltera que abandona al “compañero de su juventud” y se olvida del pacto con Dios. Aunque la referencia aquí puede ser al pacto entre Dios y su pueblo, y no el pacto del matrimonio, la relación es muy cercana, ya que la fidelidad en el pacto con Dios siempre se refleja en la fidelidad en el matrimonio. Olvidarse de uno es olvidarse del otro". (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 183.

"La perspectiva del matrimonio como un pacto es tan fundamental en la religión y la cultura del Antiguo Testamento, que frecuentemente se explica la relación de Dios con su pueblo en estos mismos términos. En Ezequiel 16:8, se habla de las misericordias de Dios en la salvación de su pueblo en lenguaje del pacto del matrimonio: “...Te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor, y fuiste mía”. El gran pacto de restauración en Oseas, que el apóstol interpreta como alcanzando más allá de Israel para incluir los elegidos de todas las naciones, se presenta como un nuevo matrimonio:
“Y te desposaré conmigo para siempre;
te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia.
Y te desposaré conmigo en fidelidad,
y conocerá s a Jehová .”
La diferencia entre un pacto y un contrato nos ayudará a entender el vínculo del matrimonio. Como dicen los autores de la serie de la Universidad de Harvard sobre la familia y la política pública, “la misma idea del contrato es contraria a nuestro concepto del matrimonio”. Todos los pactos entre seres humanos en la Biblia se caracterizan por una fidelidad jurada. John Murray observa profundamente:
“No son los términos del contrato que se destacan, tanto como el compromiso solemne entre las personas. Esto es tan obvio, que ni es necesario que existan términos de acuerdo. Lo que se destaca es la entrega de sı́ mismo para ser fiel a la otra persona...La esencia del pacto está en la promesa de fidelidad sin reservas, en el compromiso de todo el alma.”
Por lo tanto, aunque los acuerdos prenupciales estaban de moda en otros lugares del medio oriente (por lo menos entre los ricos – ¡algunas cosas no cambian nunca!), no son compatibles con la idea bíblica del matrimonio. El ideal bíblico es que el matrimonio es un compromiso total, en que el divorcio solamente se puede pensar en casos extremos de infidelidad, como el adulterio o la deserción malvada". (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 184.

¿Cuál es el propósito del matrimonio, y cuál es la estructura correcta, según Dios?

LA VOCACIÓN DEL MATRIMONIO

"El matrimonio es un llamado divino que tiene varios propósitos. Primero, y lo más importante, es la unió n de la pareja en compañerismo, diseñada para la mutua realización personal, emocional, y sexual". (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 185.

"En el relato bÍblico que nos da el prototipo del matrimonio (Génesis 2:18-24), Dios, observando que no es bueno que Adán esté solo, expresa su propó sito de hacer una “ayuda (‘ēzer) idónea” para él. Contrario a la opinión popular, ‘ēzer no significa “asistente”; aquí y en el resto del Antiguo Testamento, significa algo más fuerte. El sustantivo ‘ēzer, se usa especialmente para referirse a Dios, nuestra ayuda, como en el monumento Ebenezer (“piedra de ayuda”). Se llama ası,́ porque, como dice Samuel, “Hasta aquí nos ayudó Jehová” (1 Samuel 7:12; Vea también Salmos 70:5; 121:1-2; 124:8; 146:5). (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 186.

"Dios crea a Eva para ayudar a Adán en su soledad, más que para ayudarle en su trabajo. Será una ayuda apropiada. La frase hebrea traducida “idónea”, analizada de acuerdo con sus componentes, significa literalmente “de acuerdo con lo que está delante de él”. Está cerca de la idea de una imagen en el espejo. En tal imagen, la mano derecha corresponde a la mano izquierda. Son parecidas, pero diferentes. La diferencia es importante, tal como uno se da cuenta cuando trata de ponerse dos guantes de la misma mano. Las diferencias entre femenino y masculino son obviamente importantes, pero el énfasis está en lo que tienen en común. Ningún animal llega ni cerca de ser como Adán. Solamente otro ser humano hecho a la imagen de Dios podría ayudar a Adán de la manera que él necesita". (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 186.

"El hombre estaba solo. Dios hizo a la mujer y se la trajo. El hombre dijo, “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada” (Génesis 2:23).
El trasfondo para entender esta respuesta alegre de Adán –- las primeras palabras humanas registradas – se ve en el relato general de la creación en el capítulo uno de Génesis. Se nos informa, “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. (Génesis 1:27). Se anuncia la diferenciación sexual como una de las verdades fundamentales de la raza humana, segunda en importancia solamente después del hecho de que el hombre es la imagen de Dios, que es el factor básico de nuestra identidad. El ser humano es libre, racional, emocional, y moral. En una palabra, es una persona, capaz de relacionarse con otros, especialmente en el matrimonio". (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 186.

"La Iglesia cristiana, por lo menos desde el siglo dieciséis, ha incluido la “ayuda mutua” entre el marido y su esposa, como uno de los propósitos principales del matrimonio. Los otros dos son la procreación y la pureza. Esto representa una comprensión profunda de Génesis 2:18. Si no es bueno para el hombre estar solo, tampoco es bueno para la mujer.
Ser una ayuda idónea no es solamente la tarea para la esposa; también es la tarea del marido. Los maridos y las esposas son “ayudas idóneas”, lo cual ha sido reconocido en la enseñanza de la Iglesia durante mucho tiempo. No es una doctrina nueva; está en el corazón de la enseñanza bíblica acerca del matrimonio, la enseñanza de que el propósito del matrimonio es el compañerismo". (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 186.

"El compañerismo del matrimonio se expresa en la cohabitación y el amor conyugal
- En las Escrituras el matrimonio se presenta como una relación sexual intensa (Proverbios 5:18-19); Cantares 8:6-7). 
- Las parejas cristianas no deben negarse la expresión erótica de su amor, como si fuera incompatible con la verdadera espiritualidad (1 Corintios 7:1-5; Hebreos 13:4). 
- El placer sexual dentro del matrimonio es una de las bendiciones de la creación, algo que debemos recibir con gratitud (1 Timoteo 4:3-5). Pablo ataca fuertemente a los que se oponen a esto (versículos 1-2). 
- Jesús mismo aprobó el matrimonio con su presencia en la boda de Caná , donde se mostró como el Señor de la creación, generoso en dar sus bendiciones. Ya que todo lo bueno de la creación es redimido en Cristo, el sexo también experimenta verdadera liberación y realización en su reino.
-  La unión sexual de la pareja, que tiene significado en sı́ misma como un acto de amor y de entrega mutua, un acto de placer mutuo, es también el medio por el cual Dios trae hijos al mundo. Según el mandato de la creación, los seres humanos – hombres y mujeres – deben “llenar la tierra y sojuzgarla” (Génesis 1:28). 
- El marido y su esposa no solamente son compañeros íntimos en la vida y en el amor, sino también son compañeros en el sentido amplio del llamado cultural. La procreación y el dominio sobre la tierra para la gloria de Dios, incluyendo ahora la nueva dimensión de la misión redentora, es un trabajo de la pareja, como herederos de la gracia de la vida (1 Pedro 3.7). El arzobispo de Canterbury en Inglaterra comentó en el sermón de la boda real en 1981, “Hay una tradición antigua cristiana que considera todos los novios una pareja real en el dıá de su boda. Hasta hoy en día, en las ceremonias de boda en la Iglesia Ortodoxa Oriental, se sostiene una corona sobre la cabeza del hombre y la mujer, para expresar la convicción de que son Rey y Reina de la Creación". (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 187.

"El mandato de procrear se repite como una bendición para Noé después del Diluvio (Génesis 9:1), y también para Jacob, cuando Dios comienza a cumplir la promesa hecha a Abraham de hacer de é l una gran nació n (Génesis 35:11). Por supuesto, el proceso de la concepción y del nacimiento está en las manos de Dios. Además, las parejas que no tienen hijos también tienen un propósito y reciben muchas bendiciones de Dios (esto descarta el divorcio por infertilidad). Sin embargo, la responsabilidad normal para una pareja casada es tener hijos. “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre” (Salmo 127:3).
Tal como en el caso de los mandatos de misión y de dominio, el mandato de la procreación requiere obediencia racional y pensada. El cumplimiento responsable del mandato posiblemente requiera limitar el número de hijos, o dejar un tiempo entre los hijos, por razones económicas, físicas, psicológicas, o sociales. El control de la natalidad no necesariamente está motivado por razones egoıś tas. Aunque la Biblia pone un valor alto en tener hijos, como una de las mayores bendiciones del matrimonio, la decisión de procrear debe ser tomada, considerando las otras bendiciones del matrimonio, como el compañerismo. Pero es preferible tener hijos, si no hay obstáculos. La dirección bíblica tiene la forma de un consejo, y no un mandato. La pareja tiene libertad para discernir cómo pueden cumplir mejor la voluntad de Dios en las circunstancias particulares.
Hay amplio acuerdo entre cristianos acerca del principio de la planificación racional y responsable de la familia. Los debates entre cristianos está n relacionados en la contracepción como método de control de la natalidad. Los que arguyen que cualquier método interfiere con la providencia de Dios está n arguyendo en contra del apóstol Pablo, quien explícitamente permite abstinencia temporal de relaciones sexuales para dedicarse a la oración (1 Corintios 7:5). La providencia de Dios incluye los actos libres de los agentes morales, y no es un pecado cuando una pareja se abstiene de relaciones sexuales por un tiempo, impidiendo el posible nacimiento de otros niños.
Desde el año 1951, la Iglesia Católica Romana ha aprobado la continencia (abstinencia de relaciones sexuales durante el tiempo de fertilidad de la mujer), como método natural de control de natalidad, pero se ha opuesto a la contracepción. El Papa Pablo VI, en la encíclica Humanae Vitae, reconoció que la función de relaciones sexuales en el matrimonio es para unirse, y no solamente para procrear, pero arguyó que estas funciones son tan inseparables que la pareja siempre debe estar abierta a la posibilidad de procrear. El Papa Juan Pablo II confirmó esta posición en Familaris Consortio en 1981, decepcionando a algunos católicos. Algunos cuestionan si tiene sentido decir que, cuando una pareja decide tener relaciones solamente durante el perıó do estéril, está abierta a la transmisión de vida, de una manera moralmente distinta a los que usan contraceptivos”. El argumento del Vaticano es que las relaciones sexuales no tienen que ser solamente para la procreación, pero la pareja debe estar abierta a la procreación cuando se unen sexualmente. Apelan a la ley natural para defender su posición. La idea es que los propósitos de Dios se pueden descubrir por el uso de la razón, y que se puede deducir el propósito de algo al observar su función. Ya que los órganos sexuales sirven para procrear, cerrar esa posibilidad va en contra de la naturaleza. Sin embargo, la función de los órganos sexuales no es solamente procrear; también son una fuente de placer y un medio para expresar el amor y la unión. Siempre expresan relaciones, pero no siempre generan vida. Si se permite que una pareja tenga relaciones en un perıó do en que están conscientemente evitando un embarazo, parece arbitrario impedir otros medios má s efectivos que buscan el mismo fin.
Tampoco debemos rechazar algún método porque es más artificial y menos natural. Lo que llamamos “artificial” podría ser llamado “humano”; es una aplicación del arte de la medicina para ayudar a la pareja a cumplir sus propósitos. Hay un uso racional de la libertad, tanto en el cálculo de los ciclos de fertilidad, como en el desarrollo de métodos de contracepción. No hay base bíblica para impedir que se use el conocimiento científico en esta área; es “natural” que los seres humanos lo hagan, en el sentido de que está en armonía con su naturaleza como agentes racionales. Para que un matrimonio esté abierto a la transmisión de vida, no es necesario que estén abiertos a esto cada vez que tienen relaciones sexuales. El uso de los anticonceptivos se puede considerar un acto parcial dentro de una vida entera de un matrimonio que busca tanto la unión como la procreación". (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 187.

"Frecuentemente se nos presenta una opción falsa entre roles rıǵidos y una falta total de roles. Pero el uso del término “rıǵido” distorsionarıá la perspectiva bíblica. Dios ha ordenado dos maneras complementarias de llevar su imagen, y ninguna es superior a la otra. El hecho de tener roles en el matrimonio no implica superioridad ni inferioridad. Tal como rechazamos el concepto de superioridad racial, también rechazamos el concepto de superioridad sexual. Ninguno tiene derecho a dominar al otro. Ni el concepto de jerarquía, ni el concepto de igualdad de roles, refleja la perspectiva bíblica acerca de estos roles. Según la Biblia, son compañeros, sirviendo en el mismo reino, pero con distintos oficios. 
Un oficio es una responsabilidad que Dios ha dado para funcionar dentro de una de las instituciones que ha ordenado. En este caso, la institución es la familia. El pasaje clave acerca de las responsabilidades mutuas de los maridos y las esposas es Efesios 5:21-33, donde dice que el marido es la cabeza (kephalē) de la esposa. Algunos han sostenido que kephalē se refiere aquí al origen de la mujer. Es posible según el léxico, pero el contexto indica que se refiere al liderazgo, el significado establecido en el griego de la Septuaginta. Pero, ¿qué tipo de liderazgo? Pablo no dice, “Maridos, gobiernen sobre sus esposas”, sino “Maridos, amen a sus esposas”. Cualquiera sea su responsabilidad de ser “el primero entre iguales”, debe ejercer su rol con amor sacrificial, buscando el bien de su esposa y su felicidad. Esto significa ser atento a las necesidades psicológicas para tener un matrimonio feliz, es decir, “mentes compatibles, calor sexual, intimidad social, dar y recibir recursos emocionales y materiales mutuamente”. Ciertamente una patriarquía transformada tiene estos valores como su meta, especialmente la relación mutua.  (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 188.

"La esposa debe respetar a su marido en su oficio, sometiéndose a él (hypotassō). ¿Qué tipo de “compañerismo” será esto? Obviamente no es una cadena de mando, como se entiende frecuentemente en cıŕculos cristianos conservadores. Pablo evita el imperativo directo, “Esposas, obedezcan a sus maridos”. Las esposas no deben ser tratadas como niños o siervos que no saben lo que hace su amo (Juan 15:15). Tal trato sería fundamentalmente contrario al concepto de compañerismo en el matrimonio. Por lo tanto, cuando algunos omiten el término “obedecer” de los votos matrimoniales, no es un rechazo de la enseñanza bíblica. Hypotassō ocurre en el Nuevo Testamento en varios contextos que hablan de relaciones humanas, pero la naturaleza de la responsabilidad depende de la relación. La relación entre marido y esposa es distinta de todas las demás; tiene una dinámica propia, y sirve como analogía de la relación entre Cristo y la Iglesia.
Desde la perspectiva bíblica, los roles sirven para establecer las responsabilidades mutuas, para cumplir los propósitos del matrimonio de una manera más eficaz. 
- El hombre ha sido nombrado la cabeza, no porque es superior, sino porque cumple con el diseño de Dios en la creación, siempre que se ejerza correctamente este papel. 
- El hombre tiene que rendir cuentas por la dirección general del matrimonio, y esto permite que la mujer tenga libertad para cumplir el rol particularmente femenino de dar a luz a los hijos, con todos los riesgos y demandas que involucra. 
- Además de esto, la Biblia no dice mucho acerca de los roles. En lugar de dar definiciones acerca del significado de la masculinidad y la feminidad, la Palabra de Dios ordena relaciones en que los roles complementarios se aprenden por experiencia. Se supone que la evidencia científica apunta a una correlación entre los roles y la naturaleza, pero nuestra fidelidad en ejercer los roles no depende de eso.
La estructura tradicional del matrimonio no debe confundirse con el “culto a la domesticidad”, en que “esposa” equivale a “ama de casa”. Cuando se trata de discusiones sobre la familia, Jack Goody acertadamente se queja que, “todo lo tradicional se coloca en una sola masa”. Lenore Weitzman explica el genio del concepto tradicional del matrimonio (pero pide que sea reemplazado):
“El matrimonio legal tradicional creaba una unidad que trascendía los intereses individuales. Aunque la
relación matrimonial ciertamente no era igualitaria (estaba basada en roles diferentes y desiguales para hombres y mujeres), suponía que los dos estaban involucrados juntos en un mismo proyecto, que eran responsables el uno por el otro, y que compartirían el fruto de sus labores.”
La posición de Weitzman es que “el matrimonio legal impide una relación igualitaria, porque impone derechos y responsabilidades para los maridos y las esposas, basados en diferencias sexuales”. 
Pero las parejas comprometidas con la estructura tradicional, en que el marido tiene el rol de proveer para la familia y dirigir la familia, y en que la mujer tiene el rol de tener hijos y cuidarlos, todavía permite bastante libertad para ser creativos en la determinación de los roles en su compañerismo. 
Por otro lado, para los que rechazan la estructura tradicional, el matrimonio legal ha llegado a ser problemático. Weitzman observa que las nuevas reglas cambian el criterio para el matrimonio. Según el concepto tradicional, era “fidelidad al contrato”, y se cambia a “normas individuales de satisfacción”. Entonces el matrimonio ya no se define como “un compromiso de toda la vida”, sino como “un arreglo contingente, limitado en tiempo”. Según ella, las leyes tradicionales relacionadas con la familia establecían un “patrón moral claro”. Sin embargo, ¿estarán mejor las parejas sin tal patrón? ¿Y qué de los niños?"  (Jones, David Clyde. Ética bíblica cristiana. Graham, NC: Publicaciones Faro de gracia, 2014), 191.

LA RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES - LOS HIJOS

“Los niños necesitan un mundo en que pueden crecer... La pregunta signiFicativa no es si habrá una institución de la familia en el futuro, sino qué tipo de institución es probable o deseable.” -Brigette Berger y Peter Berger, The War Over the Family [La Guerra por la Familia]

Los niños son un regalo de Dios para los padres. A través de la unión sexual de la pareja, Dios crea nueva vida, y encomienda esa vida a su cuidado, agregando una bendición a su matrimonio. Los matrimonios que no tienen hijos, en la providencia de Dios, también reciben bendiciones de Dios, y pueden tener mucho fruto en otras maneras. No debemos ponerle una etiqueta de “estéril”. Aun así, es natural que una pareja tenga la esperanza de tener hijos, como un regalo más, junto con las bendiciones de su compañerismo y su amor conyugal.
El rol bíblico de los padres recién comienza con la transmisión de vida biológica. Dios utiliza la pareja para crear nueva vida, pero también ordena que la familia sea la esfera donde se protege y se nutre esa vida. Tener hijos sin casarse pone a los niños en una desventaja, y los priva de las bendiciones de una estructura que Dios ha ordenado específicamente para su bienestar económico, emocional, y especialmente espiritual.
Los hijos de padres creyentes en particular, están en una relación especial, debido al pacto de gracia, en que Dios promete ser su Dios y bendecirlos (Génesis 17:7). Su bautismo es una señal para ellos y para otros, indicando que serán reconocidos como miembros del pueblo de Dios, y que el reino de los cielos les pertenece (Lucas 18:16). Aunque el alcance misionero del pacto con Abraham se hace más amplio en el Nuevo Testamento, esto no disminuye el significado para la familia. Dios continúa obrando la salvación dentro de las relaciones familiares (Hechos 2:39). No significa que sea garantizada la salvación por membresía en una familia de creyentes. Dios salva por medio de confianza en su gracia, que lleva a la obediencia a su voluntad. Esto queda claro en lo que Dios dice acerca de Abraham: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sı,́ que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él” (Génesis 18:19).
No debemos subestimar la capacidad de niños pequeños de conocer al Salvador, ni el valor de su experiencia religiosa. El rey David testifica, “Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre” (Salmo 22:9). Pablo recuerda a Timoteo que, “desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3.15). No olvidemos que la fe misma es un regalo de Dios, parte de su plan de la salvación. 
Larry Christenson nota que, “el aspecto consciente intelectual de la fe viene con una comprensión madura”. Pero el elemento esencial de la fe – la unión espiritual de confianza personal – esto depende de la gracia condescendiente de Dios, y no de una comprensión mental del proceso”. La clave para los padres está en buscar la respuesta apropiada según el nivel de desarrollo del niño, sembrando la semilla de la Palabra con fe, conscientes de que es el Espíritu Santo el que prepara el corazón en su tiempo y a su manera.
El pasaje bíblico clásico acerca de la responsabilidad de los padres es Deuteronomio 6:4-7.
“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.”
Fíjese que hay prerrequisitos para que la instrucción sea efectiva en el camino del Señor. Los hijos de Dios deben reconocer su señorıó, reconocer que él es la fuente final de la autoridad y de la verdad. También deben amarlo con todo el corazón, el alma y la fuerza. Deben guardar sus mandamientos en el corazón, es decir, deben internalizar sus preceptos y estar dispuestos a obedecerlos. Finalmente, deben enseñarlos a sus hijos. ¿Cómo? Un aspecto es la instrucción más o menos formal, por supuesto (vea versículos 20-25, y compare Éxodo 12:21-27), pero la enseñanza mencionada aquí es más amplia. Está relacionada con las actividades diarias. El ambiente del hogar llega a ser el medio para criar a los hijos, con disciplina e instrucción en el Señor (Efesios 6:4). Las conversaciones alrededor de la mesa, las oraciones familiares, las reacciones a las noticias actuales, las actitudes hacia otras personas, los tiempos de recreación, y el estilo de vida en general, todo esto afecta la perspectiva fundamental de los niños. Los niños aprenden las cosas importantes más del ejemplo de los padres que de sus palabras.
Como herederos comunes de la gracia de la vida, el marido y la esposa son responsables juntos del cuidado de los niños y su desarrollo físico, emocional, y espiritual. Ser padres es una vocación divina para los dos. En esto sus roles no son totalmente intercambiables, pero se traslapan. En el sentido bíblico, ser padre incluye la crianza de los hijos, según el ejemplo de nuestro Padre Celestial, que ama y cuida a sus hijos (Salmo 103:13; Malaquías 3:17).
Proveer para la familia es un aspecto importante del rol del padre (1 Timoteo 5:8). Sin embargo, 2 Corintios 12:14 incluye a los dos padres cuando menciona que deben “atesorar” dinero para sus hijos. Además, la responsabilidad de los padres va más allá del cuidado económico, e incluye su instrucción en el Señor (Efesios 6:14). Pablo indica que deben preocuparse por la “disciplina y amonestación” en el Señor, pero advierte en contra del abuso, diciendo que deben evitar su frustración. “Padres, no exasperé is a vuestros hijos, para que no se desalienten” (Colosenses 3.21). 
Los hijos necesitan corrección, porque son pecadores, pero esta corrección debe hacerse en amor, tal como nuestro Padre celestial lo hace con nosotros (Hebreos 12.9). El ejercicio cariñoso de autoridad es de suprema importancia. Los padres deben reconocer que cada niño es una persona, creada a la imagen de Dios, y que está creciendo físicamente, intelectualmente, emocionalmente, y espiritualmente. Deben considerar su nivel de madurez en todos estos aspectos, al ejercer la disciplina y al enseñar.
Nada en la Biblia demuestra que los roles se traslapan más que la figura de Dios como una “madre” con sus hijos. La figura de madre se usa aun más todavía en referencia a la Iglesia (Gálatas 4:26; Isaías 66:7-13). Esta figura subraya la importancia de la vocación de madre. El apóstol Pablo destaca la dignidad de las labores domésticas, al animar a las mujeres jóvenes a gobernar bien sus casas (oikodespotein, 1 Timoteo 5:14), y a cuidarlas (oikourgous, Tito 2:5).
La dignidad de la vocación de madre – suponiendo que se traslapa con la vocación del padre – necesita reafirmación cultural. El movimiento feminista, con todo lo que ha logrado para las mujeres en igualdad de oportunidades, también ha perjudicado a la mujer en el hogar. Esto es especialmente problemático, porque daña la imagen del llamado digno de ser madre. Selma Fraiberg define esta vocación como el “nutrir el potencial humano de cada bebé para amar, confiar, y formar relaciones personales en una vida de amor”.
Fraiberg cita el consenso interdisciplinario para mostrar que “las cualidades humanas de amor duradero y el compromiso con el amor se forjan durante los dos primeros años de vida. Las consecuencias de no preocuparse de esto son serias. ‘La ausencia de los lazos humanos en la infancia, o la ruptura de los lazos humanos en los primeros añ os, puede afectar permanentemente la capacidad de formar relaciones humanas y la capacidad de controlar la agresión.’”

La familia provee un lugar excelente para demostrar la gracia en relaciones interpersonales. Cuando lo hacemos fielmente como cristianos, estamos promoviendo la familia como una institución social viable.

LA FAMILIA Y LAS POLÍTICAS PÚBLICAS

Sylvia Ann Hewlett escribe acerca del movimiento de la sociedad hacia el individualismo, la libertad, y la realización propia, y el costo que esto tiene para los niños.
“Nuestro sistema legal ha renunciado a la idea de que el matrimonio debe ser un compromiso de por vida, y que los padres deben asumir una responsabilidad duradera con sus hijos. Ahora los adultos pueden vivir con quien quieran, por el tiempo que quieran. También pueden tener hijos, y abortar o abandonar a los bebés, siendo casados o no. Incluso, los americanos pueden hacer prácticamente lo que quieran, sin temor de que el estado intervenga para limitar su libertad por causa de los niños.”
Para corregir este problema, Hewett propone un plan de acción de diez puntos. Aunque uno de los principios básicos detrás del plan es que “el gobierno debe ayudar a las familias, y no reemplazarlas”, nueve de los diez puntos piden acción de parte del gobierno. Número seis dice, “el gobierno debe proveer subsidios substanciales para casas de familias con hijos”. Solamente el punto diez reconoce la “necesidad de complementar las políticas del gobierno con un nuevo nivel de compromiso personal con los niños de esta nación”.
En otras palabras, Hewlett ve el problema del individualismo, pero no ve el peligro del poder del estado. Otros observan la amenaza doble: “El bienestar de las familias está perjudicado hoy en dıá por las fuerzas gemelas del individualismo y el poder del estado”. Robert Nisbett y otros colegas arguyen, “con la intención y la retórica de ayudar a la familia, de reforzarla en la sociedad, el estado frecuentemente termina haciendo daño a la familia como una fuente de autoridades y funciones vitales”.
En contraste con otros países democráticos, los Estados Unidos no reconoce la familia en la constitución, a pesar de su rol importante como “estructura mediadora” entre el individuo y el estado.
¿Fortalecerá la familia la expansión del estado de bienestar social? Entre los que dudan de esto está Brigette Berger, quien escribe, “desde una perspectiva de estructuras mediadoras, el problema central de la familia americana es su pérdida de autonomía ”. Aunque todavía es central en la vida de los individuos, “la situación de la familia ha cambiado fundamentalmente con la expansión del poder del estado, interviniendo en las relaciones de los padres con los hijos”. 
Hay dos áreas de preocupación aquí: la responsabilidad de los padres de cuidar a los niños preescolares, y los derechos y las responsabilidades de los padres en el á rea general de educación y desarrollo.
Con respecto al cuidado de los niños, Brigette Berger y Sidney Callahan han desarrollado las siguientes pautas:
La política nacional acerca de la familia debe estar basada en el entendimiento de que la familia, y ninguna otra estructura concebible, es el mejor lugar para el cuidado de los niños.
Cuando es necesario que las agencias y los servicios profesionales se involucren en el cuidado de los niños, deben ayudar a la familia, y deben rendir cuentas lo más pronto posible a los padres.
Una política nacional de la familia debe respetar el pluralismo actual de estilos de vida y estilos de cuidar a los niños.
Cualquier política nacional acerca de la familia debe liberarse de los mitos peyorativos que rodean la familia negra.
Las tesis acerca de la primacía de la familia deben aplicarse también a las varias categorías de “niños especiales”.
Una política nacional de la familia no debe ser un instrumento que debilite la familia con un énfasis que da más derechos a los niños que a los padres.
En el contexto del diálogo actual sobre ingresos y redistribución, una política nacional de la familia debe guiarse por el principio general de que las políticas que pretenden minimizar la pobreza son contraproducentes si debilitan a la familia.
Hewlett (ella misma es madre de cuatro hijos, y trabaja fuera del hogar) plantea la pregunta que se debe hacer, en relación con el cuidado de los niños: “Cuando se hace necesario considerar contratar ayuda para cuidar a los hijos, las preguntas que se deben hacer son: 
(1) ¿Cuáles son las necesidades de mis hijos en esta etapa de su desarrollo? 
(2) ¿Quién podrá servir como una madre sustituta, tomando en cuenta estas necesidades?” 
Las políticas del gobierno, por decir lo menos, no deben penalizar a los que cuidan a sus hijos en la casa, aunque estén privándose de un ingreso adicional.
En el campo de la educación, los pluralistas de la tradición reformada han defendido el enfoque que da la prioridad a los padres, en lugar de dejar la autoridad en manos del gobierno secular.
El pluralismo se presenta desde dos puntos de vista: “El pluralismo estructural significa que Dios ha creado al mundo con varias estructuras – el gobierno civil, el matrimonio, la familia, la iglesia, las escuelas, el comercio – que sirven para organizar la vida y coordinar la interacción humana. El pluralismo confesional se refiere al derecho que tienen los distintos grupos religiosos que componen la sociedad de desarrollar su propia manera de involucrarse en la vida pública a través de sus propias asociaciones – las escuelas, los partidos políticos, los sindicatos, las iglesias, por ejemplo – para promover sus ideas.” La educación pública americana viola tanto el pluralismo estructural como el pluralismo confesional o religioso. El remedio es devolver la autoridad a las familias para ejercer su libertad, dando una deducción en sus impuestos, como cuestión de justicia pública. 194-200.


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