El altar familiar

 “Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días” (Job 1:5). 

 INTRODUCCIÓN

Vivimos en un mundo hoy que alega no necesitar a Dios. Algunos expresan esto ignorando completamente su existencia. Otros, hasta reconocen su existencia, pero niegan su interés en el mundo y creen que Dios nos creó y nos dejó que perezcamos sin esperanza. Hay otra clase de personas, sin embargo, que profesa creer en la existencia de Dios y su cuidado, y además profesa seguirlo, pero en la práctica niega que necesita de él constantemente. No sienten que la comunión diaria con Dios es esencial para mantener la vida espiritual. La presencia constante de Dios en la jornada del pueblo de Israel, a través de la columna de nube durante el día y la columna de fuego durante la noche, demuestra que Dios está constantemente a nuestra disposición. Él sabe que necesitamos constantemente de él y está siempre listo para ayudarnos. Otra manera por la cual Dios demostró esto al pueblo de Israel fue a través del ritual del santuario.

“Cada mañana y cada tarde, se ofrecía, sobre el altar un cordero de un año, con las oblaciones apropiadas de presentes, para simbolizar la consagración diaria a Dios de toda la nación y su constante dependencia de la sangre expiatoria de Cristo”. PP, 365.

I. LOS CULTOS DIARIOS

Diariamente, en dos horarios diferentes se realizaba en el santuario el servicio o culto diario. “El servicio diario consistía en el holocausto matutino y el vespertino, en el ofrecimiento del incienso en el altar de oro y de los sacrificios especiales por los pecados individuales” PP, 365.

Eso representaba la provisión perfecta que Dios hace al pecador para librarlo del pecado y proveer la salvación, protección constante, veinticuatro horas por día. 

“Las horas designadas para el sacrificio matutino y vespertino se consideraban sagradas, y llegaron a observarse como momentos dedicados al culto por toda la nación judía. […] En esta costumbre, los cristianos tienen un ejemplo para su oración matutina y vespertina. Si bien Dios condena la mera ejecución de ceremonias que carezcan del espíritu de culto, mira con gran satisfacción a los que le aman y se postran de mañana y tarde, para pedir el perdón de los pecados cometidos y las bendiciones que necesitan” PP, 367.

Vemos que el acto del pueblo de Israel de reunirse en el santuario dos veces al día para participar de los sacrificios sagrados es para nosotros un ejemplo de que debemos prestar culto a Dios por la mañana y por la tarde en nuestros hogares. Nuestra familia no está segura sin la protección de Dios. 
Al fortalecernos en el estudio de la Palabra, con cantos y oraciones, estamos protegiendo nuestra familia contra las tentaciones del enemigo. 

II. LA IMPORTANCIA DEL CULTO DIARIO 

A pesar de que Jesús ya murió en la cruz para salvarnos de la maldición del pecado, como hijos suyos todavía estamos sujetos a las tentaciones y ataques del enemigo. Y esa es una de las razones por las que necesitamos participar diariamente de ese acto de adoración, confesión de pecados y súplica por nuestras necesidades. El culto familiar deber ser para nosotros una oportunidad de consagración a Dios y una protección contra los ataques que el enemigo intenta hacer contra nuestra familia. 

“En cierto sentido, el sacerdote de la casa, que presenta ante el altar de Dios el sacrificio matutino y vespertino. Se debiera alentar a la esposa y a los hijos a que se unan en esta ofrenda, y también a participar en las canciones de alabanza. En la mañana y en la tarde, como sacerdote de la familia, el padre debiera confesar a Dios los pecados cometidos por él mismo y por sus hijos durante el día. Los pecados que ha llegado a conocer, y también los que son secretos, de los que sólo Dios tiene conocimiento, debieran ser confesados” 2TI, 617.

Un padre que asumió la función de sacerdote en el hogar e intercedía por sus hijos diariamente fue Job. La Biblia nos dice que: “E iban sus hijos y hacían banquetes en sus casas, cada uno en su día” (Job 1:4). Como un padre cuidadoso que amaba a sus hijos, Job temía que ellos pecaran y que pudieran olvidarlo, o demorar en ofrecer sacrificio por sus errores. Por esa razón, él “se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días” (Job 1:5). 

Es interesante pensar que los hijos de Job ya eran adultos, y todavía así Job se preocupaba por su espiritualidad y los entregaba a Dios diariamente. Como padres nunca dejaremos de ser intercesores por nuestros hijos. Aun cuando ellos crecen y pasan a tomar sus decisiones solos, aun así, nuestra intercesión podrá proporcionarles grandes bendiciones en su vida. 

III. ¿EN QUÉ DEBE CONSISTIR EL CULTO? 

El culto del santuario incluía la confesión de los pecados sobre el animal y después el sacrificio del animal sobre el altar. Mientras tanto, dentro del santuario el sacerdote quemaba el incienso e intercedía por su pueblo. Después de estos rituales, los levitas cantaban, tocaban las trompetas y el sumo sacerdote que había quemado el incienso salía y con las manos extendidas pronunciaba bendiciones sobre el pueblo. Las alabanzas, el estudio de la Biblia dinámico y la oración son los tres elementos fundamentales de un culto familiar. 
Ese estudio de la Biblia y las alabanzas deben realizarse de manera interesante usando ilustraciones y otros recursos apropiados para la edad de los niños. Pero, sobre esas actividades, lo que más importa a Dios es ver el corazón de cada miembro de la familia unido a él en devoción. Eso sube al cielo como un aroma suave y agradable a Dios. 

ALABANZA. 
“Por lo menos debieran cantarse unas pocas estrofas de un himno animado, y la oración debe elevarse corta y al punto. El que dirige en oración no debiera orar por todas las cosas, sino que debiera expresar sus necesidades con palabras sencillas y su alabanza a Dios con gratitud” CN, 494.

ESTUDIO DE LA BIBLIA. 
 “Elija el padre una porción de las Escrituras que sea interesante y fácil de entender; serán suficientes unos pocos versículos para dar una lección que pueda ser estudiada y practicada durante el día. Se pueden hacer algunas preguntas. Pueden presentarse a manera de ilustración unas pocas, serias e interesantes observaciones, cortas y al punto” CN, 494.

ORACIÓN. 
“Hermanos, orad en casa, con la familia, día y noche; orad con sinceridad en vuestra habitación; mientras estéis ocupados en vuestras tareas diarias, elevad el alma a Dios en oración. De ese modo anduvo Enoc con Dios. La oración silenciosa y ferviente del alma se elevará como santo incienso hasta el trono de la gracia y será tan aceptable para Dios como si fuese ofrecida en el santuario. Para todos los que lo vuelcan así, Cristo es una ayuda presente en tiempos de necesidad” 4TI, 604.

IV. EL CULTO DE LOS SÁBADOS 

En muchos hogares donde los cultos se realizan diariamente existe la costumbre de no realizarlo los sábados porque la familia ya pasará toda la mañana en la iglesia. Sin embargo, de manera interesante vemos que los sábados el pueblo de Israel no reducía los cultos, sino los aumentaba. (Leer Números 28:9, 10). 
Tal vez eso nos indique que, al contrario de lo que muchas veces pensamos, aunque el sábado tengamos un culto adicional en la iglesia, debemos realizar nuestro culto familiar en el hogar. Si existe un día en que el enemigo se empeña al máximo para traer sombras al hogar de los hijos de Dios, ese día es el sábado. 
Muchas familias testifican que sobrevienen grandes pruebas para ellas el sábado, especialmente cuando descuidan el culto matutino del hogar. El sábado puede ser un día más bendecido todavía si nos proponemos a comenzarlo con Dios. La familia que se une a Dios en el hogar, antes de ir a la iglesia, tiene la oportunidad de despertarse más temprano, como es el consejo que recibimos, y con tranquilidad preparar tanto el cuerpo como el corazón para un encuentro especial con Dios en su casa. Los cultos diarios en el hogar preparan a la familia para la adoración a Dios en sábado. 

Se nos aconseja: 
“Educad así la pequeña iglesia que hay en vuestro hogar, a fin de que el sábado todos puedan estar preparados para adorar en el santuario del Señor. Presentad cada mañana y noche vuestros hijos a Dios como su heredad comprada con sangre. Enseñadles que es su más alto deber y privilegio amar y servir a Dios” 3JT, 20.

V. EL CULTO COMO TESTIMONIO 

El altar de la familia, erigido en los cultos familiares, además de proporcionar bendiciones especiales para la propia familia, puede ser un testimonio y una bendición para otros también. “Abrahán, el “amigo de Dios” (Santiago 2:23), nos dio un digno ejemplo. Fue la suya una vida de oración. Dondequiera que establecía su campamento, muy cerca de él también levantaba su altar, y llamaba a todos los que le acompañaban al sacrificio matutino y vespertino. Cuando retiraba su tienda, el altar permanecía allí. En los años subsiguientes, hubo entre los errantes cananeos algunos que habían sido instruidos por Abrahán; y siempre que uno de ellos llegaba al altar, sabía quién había estado allí antes que él; y después de levantar su tienda, reparaba el altar y allí adoraba al Dios viviente” PP, 121.
 
¡Qué lindo ejemplo nos dejó Abraham! Además de incluir en la adoración a Dios a todos los que formaban parte de su hogar, lo que incluía no solo a su familia, sino a muchas familias que lo servían, ellos también testificaban a los paganos que vivían a su alrededor. 
 
¿Qué testimonio han sido nuestros cultos familiares para nuestros vecinos, o quién sabe, para quienes nos visitan ocasionalmente y participan de ellos con nosotros? 

Podemos creer que el culto en sí no tocará la vida de alguien y tal vez a veces hasta lo descuidamos cuando recibimos visita, pero solo en el cielo sabremos el poder de la influencia de nuestro culto familiar en la vida de otros.

CONCLUSIÓN 

Que nuestra familia también sea un testimonio vivo delante de la comunidad y delante de los que nos observan. Que nuestro ejemplo de fidelidad a Dios expresado diariamente en nuestros hogares pueda atraer a otros a Cristo. Que otras familias sean tocadas aun después que ya nos estemos cerca y sean inducidas a adorar también al Dios vivo.

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